martes, 5 de noviembre de 2013

Cañas y eclipse

Dicen de los astrónomos que somos como aves nocturnas, que comenzamos a movernos cuando se pone el Sol.
Cuando el lugar en el que vivimos está orientado al Sol, su luz y calor lo inundan todo a nuestro alrededor. Un hermoso tono azul, que es el color del aire, llena toda la bóveda celeste impidiéndonos ver la luz de el resto de cuerpos celestes a excepción de dos. Uno es nuestra Luna, que podemos ver con claridad a plena luz del día cuando está suficientemente lejos del Sol. Y el otro es Venus, aunque a este solo podremos verle en presencia del Astro Rey en condiciones favorables de transparencia de la atmósfera, como tuvimos la oportunidad en el verano de 2012 en el observatorio del Calar Alto mis compañeros Antonio y Manoli, Encarni y yo.
Pero claro, vivimos a hombros de esta bailarina incansable que llamamos Tierra que gira, gira y gira sin parar y cuando en ese girar el lugar donde vivimos comienza a darle la espalda al Sol y cae la noche, el Universo nos brinda todo ese espectáculo que a nosotros, astrónomos aficionados y profesionales nos gusta tanto contemplar.
Pero somos una especie curiosa, nos gusta saber cómo funciona nuestro entorno y nuestro Sol, la estrella que mantiene la vida en nuestro planeta, siempre ha sido un objeto fascinante al que incluso nuestros ancestros le rindieron culto como divinidad. Pero ni siquiera el gran dios Sol iba a ser la excepción que escapase a nuestra insaciable curiosidad, y poco a poco, hemos ido desvelando parte de sus secretos.
Aunque hoy día sabemos muchas cosas del funcionamiento de nuestra estrella, somos plenamente conscientes de que desconocemos mucho más de lo que conocemos de ella, hay muchísimo que aprender y este es trabajo de la Ciencia, y esto quiere decir que también podemos disfrutar de nuestra afición a plena luz del día.
De vez en cuando, en este baile donde unos giran y a su vez giran alrededor de otros, se producen esas carambolas cósmicas que crean estos espectáculos de luces y sombras que llamamos eclipses. Este es un poco especial, ya se ha hablado mucho en los medios de que es híbrido y todo eso, pero en lo que nos concierne a nosotros, es sólo otro eclipse parcial, donde la silueta de nuestro satélite La Luna, pasaría tímidamente, casi de puntillas, por delante del Astro Rey, cubriendo tan solo un 15% de su superficie, lo que supone que el oscurecimiento fuese tan solo un discreto e imperceptible 4%.
De modo que este evento cósmico y el benigno clima de esta tierra, nos empujaron a abandonar temporalmente nuestros “hábitos nocturnos”, para sacar nuestros instrumentos a la calle y disfrutar de un cálido y soleado domingo de Noviembre entre amigos.

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Todo preparado. Solo falta que La Luna "entre en escena"



Nuestro material, dos telescopios, un Celestron C8 con filtro Mylar, un Coronado H-alfa, y un Solarscope, orientado a los más pequeños, donde observaron el Sol por proyección haciendo esta completamente segura.
Nuestros chicos observando el eclipse con seguridad.
Este discreto eclipse, fue la excusa para sacar de nuevo la ciencia a la calle y el reclamo para fijar el foco de atención en el Sol, que aunque ya ha pasado el máximo de del ciclo, todavía tiene actividad. Había dos grupos de manchas, uno de ellos cerca del limbo, y eso nos permitió explicar un poco la dinámica solar, que se complementó muy bien con la observación de las protuberancias a través del filtro de H-alfa.

 Elegimos el Puerto como lugar para la observación, y nos colocamos justo al pie de la escalera que da acceso a la parte alta de la Muralla del Mar diseñada por Victor Beltrí. 

En faena, bueno, todos no ;-)
Arquitecto discipulo de Gaudí que diseño también muchos de los edificios modernistas más emblemáticos de nuestra ciudad. Y allí nosotros, en compañía de la familia y unas cervezas bien fresquitas estuvimos atendiendo al numeroso público que se acercó a observar empujado por la curiosidad.


Grandes y pequeños no quisieron perderse el evento
El día no invitaba a recogerse, de modo que nos fuimos a comer a la playa de La Cortina, que está a menos de diez minutos del Puerto y allí, en una terraza frente al mar, el Sol bajo ya en el poniente coqueteando con la silueta del Cabo Tiñoso, marcó el final de un día 

Atardecer y puesta de Sol en Cala Cortina. Al fondo, la silueta del Cabo Tiñoso
estupendo entre amigos donde disfrutamos de nuestra afición y de las bondades de este magnífico rincón del Mediterráneo, que es Cartagena, la antigua Mastia, Quart Hadast de los Cartagineses disputada a los Barca por el mismísimo general Escipión, que la convirtió en Cartago Nova capital de la Cartaginense, que yacía dormida bajo nuestros pies y que ahora poco a poco vamos despertando y recuperando.

Andrés J. Ros.

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