martes, 21 de junio de 2016

Cartagena y el solsticio de verano

Hoy es el día del solsticio de verano, y este día cobra un especial significado en nuestra ciudad. Un significado que hunde sus raíces en lo más profundo de nuestra historia y nuestra cultura. Para entender que quiero decir, basta con leer el artículo “Orientatio ad Sidera” de nuestro querido y admirado Doctor Juan Antonio Belmonte (IAC), resultado de un trabajo de investigación que se llevó a cabo en otoño de 2013, donde se midieron las orientaciones astronómicas de los restos arqueológicos de los principales templos y edificios públicos.
En este artículo se pone de manifiesto la huella cultural que dejaron nuestros ancestros púnicos, que fue conservada en la posterior colonización Romana, e incluso después, durante la etapa de monumentalización de la Urbe, ya en etapa Augustea, la Colonia Urbs Iulia Nova Carhtago mantuvo su sabor oriental. La Joya de la Corona, nuestro Teatro Romano, tiene la escena orientada en la dirección de la salida del Sol en el solsticio de verano.
Insisto al interesado en leer con detenimiento el citado artículo que puede encontrar en la revista Zephyrus nº 75 de la Universidad de Salamanca.
La arqueoastronomía, que es la especialidad de J. A. Belmonte, es una disciplina que trata de desentrañar porqué algunas cosas “están donde están y como están”. Muchos templos, espacios públicos, trazados urbanos, etc, tienen una orientación claramente astronómica por motivos rituales, en algunos casos, otros son más prácticos, e incluso otros pueden dar la sensación de que son una mezcla de ambas cosas. No son incompatibles y no es algo extraño en nuestra especie. No debe extrañarnos esto, más bien lo contrario. Cualquier antepasado nuestro se quedaría hoy perplejo y exclamaría “¡¿pero cómo orientáis vuestros templos, y vuestras ciudades?, ¿es que ya no miráis a las estrellas?!”
Pondré a continuación un ejemplo al lector. Tenemos en Cartagena un pequeño sacellum dedicado a la diosa Atargatis, la Dea Syria, en un área
sacra del Cerro del Molinete (Aunque visto lo visto, todo el cerro parece un área sacra). El Sacellum tiene una entrada orientada a levante, que convierte al día de hoy en algo especial.
Un poco hacia el norte, se observa el Monte Sacro, Cerro de Kronos/Saturno/Baal Hammon, donde tal día como hoy, la salida del Sol se convierte en un evento especial. En el Levante, la mitología de Baal vincula su muerte y resurrección a la época del solsticio de verano.
El Sol sale por un lugar de la ladera norte donde parece haber un cambio de la pendiente aparente.
A continuación, el Sol sigue ascendiendo, sin despegarse de la ladera, hasta culminarla.
El efecto es sencillamente espectacular, pero el hecho de que el Sol “parezca” escalar el cerro en dirección a levante, solo es posible por la ladera norte, lo cual en nuestro caso restringe la observación a unos pocos días al año en el entorno del solsticio de verano. Una vez tomadas las fotos, fuimos a medir el ángulo aparente de la ladera desde el lugar donde aparece el Sol hasta la cumbre, y hay una discrepancia de unos 10 grados ±2 entre esta y el “camino” del Sol. Lo cual, en un tramo tan pequeño, mantiene el efecto hasta que abandona la cumbre.
Luego tenemos cubierto el aspecto ritual, pero ¿hay algo de sentido práctico aquí?. Especulemos un poco.
Los ortos y ocasos solsticiales, marcan las posiciones más extremas del Sol. Quiere decir, que en el solsticio de verano, el sol ya no saldrá o se pondrá más hacia el norte, y viceversa, y entre ellos hay un intervalo de medio año. Esto puede no parecer importante pero en palabras de Juan Antonio Belmonte, los Solsticios pueden ser los jalones que ayudan a evitar que un calendario impreciso se desfase de las estaciones, veamos.
El mes es una unidad de tiempo que puede tener un origen claramente lunar. Una lunación o mes sinódico tiene una duración de 29.5 días y es una unidad muy cómoda y fácil de usar para manejar intervalos de tiempo medianamente largos dentro de un mismo año, pero el Sol y la Luna son malos compañeros de baile, veamos porqué.
Un año trópico son algo más de 365 días. Lo más aproximado a esto es un período de 12 lunaciones que suman un total de 354 días, 11 días menos de un año.
Nuestros antepasados solucionaron este desfase de varias maneras, una de ellas era introduciendo un mes intercalar cada cierto tiempo para mantener el ciclo de las estaciones, luego tener dos referencias solares fijas en el horizonte que marcan el ritmo de las estaciones, si podría tener un sentido práctico. En el caso del Sacellum de Atargatis, el Sol solo se “asoma y escala” el Monte Sacro en ese corto intervalo de días alrededor del Solsticio de Verano.
Aún no es tarde para observar el fenómeno, el único requisito es pegarse un buen madrugón, en palabras de nuestro querido y admirado Presidente, “por muy espectacular que sea, sacarme a estas horas de la cama es una infamia”, y llevarse loción antimosquitos.
Para los perezosos, el año pasado filmamos allí un time-lapse que podremos a vuestra disposición en breve.
El exceso de alumbrado público, nuestro calendario bastante preciso y nuestra vida tecnificada nos ha alejado de estas, nuestras raíces. Ojo!, no quiero decir con esto que volvamos a aquella época no, tan solo se trata de conocer, poner en valor y conservar el legado de nuestros antepasados de hace más
de dos milenios protegiendo por completo las cinco colinas que forma parte de la identidad de nuestra Ciudad, en el caso aquí expuesto, el eje Molinete-Monte Sacro orientado al Solsticio de verano.

Andrés J. Ros

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